90 yottámetros!
La Gran Muralla de Hércules-Corona Boreal es una estructura gigantesca del universo lejano, propuesta en 2014, aunque otros investigadores dudan de que exista. Quienes la descubrieron estiman que mide entre 2 000 y 3 000 megapársecs de ancho, es decir, unos 6 500–9 800 millones de años luz. Un año luz es la distancia que recorre la luz en un año, y un megapársec equivale a unos 3,26 millones de años luz. El tamaño indicado arriba, de unos 9 500 millones de años luz, está cerca del extremo superior de ese intervalo.
La estructura se encontró en la distribución de los estallidos de rayos gamma, las explosiones más energéticas conocidas. Se originan cuando mueren estrellas masivas en galaxias lejanas, así que señalan dónde hay galaxias y materia ordinaria. Los astrónomos hallan la distancia de un estallido a partir de su corrimiento al rojo, una medida de cuánto ha estirado la expansión del universo su luz.
En 2014, István Horváth, Jon Hakkila y Zsolt Bagoly clasificaron 283 estallidos de corrimiento al rojo conocido en nueve grupos según su distancia. En el grupo con corrimientos al rojo de 1,6 a 2,1, 14 de los 31 estallidos se concentraban en aproximadamente un octavo del cielo. Un estudio de 2015 con 361 estallidos encontró el mismo agrupamiento. Este agrupamiento abarca por completo las constelaciones de Hércules y Corona Boreal, de donde la estructura toma su nombre popular.
El tamaño indicado es el ancho de la estructura en el cielo, donde 2 000–3 000 megapársecs equivalen a 6 500–9 800 millones de años luz. Su profundidad en la línea de visión se conoce mal. La luz de esta región partió hace unos 10 000 millones de años, cuando el universo tenía unos 3 000–4 000 millones de años.
La afirmación es objeto de disputa. Un estudio de 2016 sobre estallidos detectados por tres telescopios espaciales encontró pocas pruebas de que los estallidos se agrupen según su corrimiento al rojo. Además, los telescopios observan algunas zonas del cielo más que otras, lo que puede hacer que los estallidos parezcan agrupados cuando no lo están.
Un estudio de 2020 aplicó las pruebas originales a muchos cielos simulados sin ninguna estructura y encontró con frecuencia agrupamientos tan intensos como el real. Con datos más recientes, el agrupamiento parecía aún menos significativo. El estudio concluyó que la existencia de la Gran Muralla «debe tratarse como dudosa, en el mejor de los casos».
Quienes la descubrieron siguen sosteniendo que el agrupamiento es real. En 2020 escribieron que la Gran Muralla podría ser la estructura más grande del universo, pero que hace falta una futura misión, como el satélite THESEUS, para decidirlo.
Los cosmólogos esperan que el universo se vea homogéneo a las mayores escalas, sin estructuras de más de unos cientos de megapársecs. El artículo de 2015 señaló que la Gran Muralla sería mucho mayor que los aproximadamente 100 megapársecs en los que se pensaba que terminaban las estructuras. La crítica de 2020 sitúa las mayores estructuras esperadas en unos 260 megapársecs.
Quienes la descubrieron también señalaron que unas pocas estructuras muy grandes pueden surgir por azar. Añadieron que la Gran Muralla podría ser un conjunto de estructuras más pequeñas alineadas en la misma dirección.